38º DÍA: Algunos americanos del norte y otros del sur

Malaekahana shack

16 de febrero: La mañana nos despertó con el sol calentando la parte trasera de nuestra cabaña, que descansaba junto a la orilla del mar. Mientras yo preparaba el desayuno en una de las mesas del camping y Alex le ponía parafina a la tabla, un chico rubio, con el pelo corto y rizos en las puntas, le preguntó si tenía pensado surfear en esta playa. Alex respondió que no, que saldríamos hacia el north shore porque allí no había olas más que para aprendices y mientras el muchacho asentía con la cabeza, mi compañero le ofreció si quería venir con nosotros en el coche. Le comentó que estaba con su novia y como no teníamos problema, ella se acercó se presentó y como era de esperarse, a los dos segundos me olvidé cuál era su nombre. Pusieron las tres tablas en el techo del coche y las sujetaron con los racks del muchacho (que aún sin coche, venía mejor equipado que nosotros dos) y partimos hacia V-land.
Al llegar los 3 fueron directamente hacia el mar mientras yo me quedaba con mi rollo en la playa, hasta que al rato y ya con la chica fuera del agua, se acercó un brasileño y se puso a charlar con nosotras. Se llamaba César, nos dio su tarjeta de visita (como casi todo el mundo por aquí, parece inevitable tener una business card) y argumentó que se había acercado porque pensaba que yo era brasileña como él, por la forma que tengo de gesticular al hablar. Luego de hacer un poco de relaciones públicas, se fue al mar a practicar un poco de stand up paddle surf (Sup), remando parado en un tablón hacia otro pico. Más tarde volvimos al camping y como le había dado unas caladas al canuto que fumaba César con unos colegas, más la birra que tomé con la comida, me fui directo a echar una siesta mientras los chicos volvían al north shore a pegarse el último baño del día al atardecer. 

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