48º Día: Pereza gatuna

Samoano, the cat, at Malaekahana

26 de febrero: Gordi, nuestra nueva gata okupa, nos despierta maullando y apoyando el hocico en la puerta mosquitera, obligándonos a dejarla entrar a meter su morro en la bolsa donde guardo el alimento gatuno, dejando bien claro que había llegado la hora de levantarnos y desayunar los tres juntos. Nuestros despertares eran cada vez más perezosos, arrancando de Malaekahana casi al mediodía en bicicleta, a lo largo de la Kamehameha Hwy. hacia la costa norte más surfera del Pacífico. Llegamos a V-land pero el fuerte viento del este creaba olas indomables; nos quedamos esperando por si cambiaban las condiciones y Alex aún así intento surfearlas, pero al poco rato, estaba de nuevo sentado conmigo en la orilla. Comimos arroz con guisantes y más tarde partimos hacia Ted’s Bakery para pedirme un batido bomba, hecho de banana con nata montada.
Intentando bajar todas las calorías ingeridas en solo un vaso, emprendimos camino de regreso hacia el camping, con el viento del este dando de lleno contra la inercia de nuestras bicicletas, haciendo que nos costara muchísimo avanzar. Al llegar yo me fui hasta la comfort zone para poner al día mis apuntes pero Samoano (otro de los gatos al que le habíamos puesto nombre) no le molaba mucho la idea y se sentaba encima de mi libreta, impidiéndome con pataditas al boli que continuara escribiendo. La luz de mi súper lámpara empezó a menguar así que regresé a nuestro sitio en el 3-F para cenar y disfrutar silenciosamente en la nocturnidad de mi REM (Random Eye Sleep).



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